Si piensas cómo compraremos comida o usaremos el transporte en el futuro, ¿qué te viene a la cabeza? Imagina que alquilas una bici para moverte por la ciudad. Si te comprometes a entregar unos paquetes en tu recorrido te hacen un descuento en tu tarifa de alquiler, y si te pones una gorra con publicidad o llevas puesta la radio a todo volumen con anuncios, ¡adivina! Otro descuento.

Ah, ¿que prefieres viajar tranquilo directo a tu destino, sin gorras que te despeinen y sin paradas? Claro, también puedes, pero quizá sea un servicio Premium.

Este verano leí una magnífica reflexión de Nano Trías en la revista Visual sobre los posibles servicios Premium del futuro. Me hizo pensar sobre cómo cambian los hábitos de consumo, y esto es lo que pretendo que hagas tu. No es ni mucho menos una crítica a los servicios de pago.

Sin ir más lejos, hace pocos años le pregunté extrañada a mi compañera de trabajo: ¿por qué pagas una cuota Spotify Premium habiendo una cuenta Freemium? Hoy me cuesta desprenderme de este servicio. Será quizá porque soy de una generación donde era un milagro conseguir grabar la canción de moda en un casete cuando la ponían en la radio.

Y es que de pequeña pedía una minicadena a los Reyes Magos y ahora pido una cuota de Spotify Premium. Hemos sustituido algunos objetos por servicios ¿por qué? Pues porque los hábitos de consumo están cambiando. Y es que, según este artículo de El País, ya no compramos, alquilamos. Ya no queremos la minicadena en nuestra habitación, queremos llevar la música en el bolsillo, como decía Steve Jobs cuando anunció el iPod.

Y lo he comprobado este fin de semana pasado cuando viajé a Sevilla. De camino, en el tren, escuché música en Spotify. Mientras caminaba por la ciudad, después de haber intentado alquilar un patinete, vi una pareja de turistas mirando algo despistados un portal. Cantaba a leguas que venían a un alojamiento de Airbnb. Y ahora que he vuelto a casa, quiero imprimir una foto para colgarla en un marco y no tengo taladro, así que lo voy a alquilar.

Hemos ido incluyendo en nuestras vidas nuevos servicios de alquiler y cuentas Premium que solucionan o mejoran nuestras experiencias. Las grandes empresas ya están incorporando el alquiler a su modelo de negocio. Nike ya alquila zapatillas infantiles que luego dona o recicla, Ikea ya está planteando el alquiler de muebles y electrodomésticos y otras empresas alquilan ropa por 50€ al mes. Si yo le pudiese contar a mi abuela, que era pantalonera, que ahora que ya sólo tendría que coser unos pocos pantalones y alquilarlos para ganarse la vida, pensaría que estoy loca.

Antes de la era del alquiler, lo que te daba estatus era tener cosas en propiedad. En su serie Modos de ver, John Berger analizó en los años 70 cómo se usaba la pintura para mostrar las pertenencias que uno tenía. Los pudientes se retrataban delante de sus posesiones, con ropa de alta calidad o delante de hectáreas de tierra para mostrar su poder:

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Me hace gracia imaginarme la galería llena de selfies sacados de redes sociales o los personajes mirando Instagram o LinkedIn en su móvil.

¿Y tu, cómo crees que serán nuestros hábitos de consumo en el futuro? ¿Te ves subido a la bici repartiendo paquetes o crees que no llegaremos tan lejos?

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